miércoles, 21 de abril de 2010
"LENGUA NUESTRA": ABRIL DE POESÍA , EN LA BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SAN LUIS
MUNICIPALIDAD DISTRITAL DE SAN LUIS
BIBLIOTECA MUNICIPAL DE SAN LUIS "CIRO ALEGRÍA"
LIBRO – IDIOMA - AUTOR
"LENGUA NUESTRA"
ABRIL DE POESÍA
VIERNES 23 DE ABRIL DEL 2010
PARTICIPAN:
DIEGO LAZARTE
MARA GAZLAK
GONZALO MÁLAGA
LEONCIO LUQUE
DOMINGO DE RAMOS
BORIS ESPEZÚA
RAÚL HERAUD
LUGAR:
JR. LA CAPEA N° 180 URB. VILLA JARDÍN - SAN LUIS
ALTURA CDRA. 39 DE CANADÁ - REFERENCIA: I.E. VILLA JARDÍN
HORA: 4:30 PM.
INGRESO LIBRE
sábado, 17 de abril de 2010
SHACSHAS DANZA GANADOR DE LOS ALUMNOS DE 4TO E, 2009 DE LA INSTITUCIÒN EDUCATIVA "REPÙBLICA DEL PERÙ" VILLA EL SALVADOR
HISTORIA:
Shacsha
De Wikipedia, la enciclopedia libre
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Shacshas fue hasta hasta el 10 de enero del año 1962 un bello centro poblado que fue arrasado, junto con Ranrahirca, por un alud proveniente del Nevado Huascaran. Hoy Shacshas es una bella campiña de ciudad de Yungay, Perú.
En la página 164 del "Libro de Oro de Yungay" editado en 1962, se consigna un artículo escrito por los profesores Emma Torres de Saens y Justo Pastor Mejia, donde se relata los orígenes precolombinos de Shacsha citando que "las primeras tribus... tenían los cabellos crecidos que les cubría la nuca y parte de la espalda , por eso los otros pueblos vecinos los llamaban SHACSHAKUNA, palabra que con el correr del tiempo se transformo en la palabra SHACSHA perdiendo el sufijo".
El historiador Dr. Julio Olivera Ore, natural de Pallasca, afirma que en este pueblo nació la danza denominada SHAQAPAS TUSHUCOJ, el mismo que años más tarde se llamaría: la danza de los Shaqapas, Shajapas o simplemente Shacshas por su origen.
La Danza de los SHAQAPAS o SHACSHAS, es un precioso legado milenario de este pueblo desaparecido, el que se ve actualmente complementado por dos de sus hijos sobrevivientes del alud del año 1962, auténticos embajadores musicales: la Sra. Angelica Harada Vasquez, más conocida como Princesita de Yungay y el compositor Sr. Maximiano Rivas Valenzuela, autor de más de una docena de huaynos y pasacalles Ancashinos.
sábado, 6 de marzo de 2010
¡MI HIJO ME DESILUSIONÒ!
Quiero compartir con los lectores de este Blog, esta experiencia, que me parece una lecciòn de tolerancia de lo que queremos los padres y lo que quieren los hijos. Espero que lo disfruten y reflexionen, al inicio del año acadèmico 2010.
Permítanme una reflexión personal. Me encantan los libros. En realidad, la mayor parte de mi vida me la paso entre sus hojas, y pocas cosas me dan tanto placer como perderme en los mundos imaginarios o en las teorías que otras personas han elaborado. También me gusta escribir. Buena parte de mi tiempo transcurre frente a la computadora, una amiga de casi 30 años, redactando informes, artículos y otros textos, como éste. Soy, en ese sentido, un ser verbal.
Cuando nació mi hijo, comprensiblemente, me hice muchas ilusiones acerca de su futura relación con los libros y la literatura. Le contaba cuentos cuidando de modular bien las palabras, utilizando sinónimos variados -había que pensar en la futura riqueza lingüística- y promoviendo su dramatización. Cuando entró al colegio, busqué despertar su curiosidad por lo impreso y hasta acelerar su aprendizaje de la lectura, hecho que no ocurrió porque siempre estaba moviéndose y no parecía de naturaleza especialmente contemplativa. Terminó por aprender y yo tuve que controlar mi impaciencia que, dicho sea de paso, probablemente él había heredado, razón por la cual se demoró más de lo que yo hubiera deseado.
Entonces, lo esperé con un ejército de libros. Me uní a Jack London, Emilio Salgari, Michael Emde, Alejandro Dumas, Arthur Conan Doyle y muchos otros para emboscarlo en su cuarto, y le tendí trampas con los tres mosqueteros, la guerra de los botones, Tarzán, y mi planta de naranja-lima. Pero no caía. Siempre lograba evadirse y nos dejaba, a mí y a mis cómplices, un paso atrás. Es que siempre fue muy ágil. En realidad, manejaba su cuerpo con gran habilidad y siempre prefirió correr tras unos objetos esféricos llamados pelotas que lograba controlar a su antojo y que le llamaban más la atención que los libros.
Me descorazoné y sentí una decepción intensa durante un tiempo al no encontrar mis gustos y pasiones en los de mi hijo. Algunos padres, en esas circunstancias, pueden caer en un peligroso círculo vicioso y comenzar a contrariar o desmerecer aquellas motivaciones de sus hijos que no calzan en sus expectativas. Aunque comprensible de alguna manera, es algo peligroso, porque los chicos pueden llegar a la conclusión de que la única manera de estar presentes en la mente de sus padres es a través de una permanente batalla en la que se oponen a lo que éstos esperan de ellos. Es la de nunca acabar y, sobre todo, una forma poco sana de relacionarse.
Felizmente pude sobreponerme a lo que era una posición egocéntrica y egoísta. Desde ese momento nunca dejé de asistir a un partido de fútbol del equipo en que mi hijo jugaba. Desde las tribunas lo alenté y aprendí a respetar su notable habilidad, pero sobre todo el sentido de disciplina, compromiso, constancia, camaradería, valentía y deseo de superación que su participación en el deporte iba definiendo en él y sus compañeros. Aprendí a valorar las intensas relaciones -algunas de las cuales, no puedo negarlo, me produjeron más de una vez celos- que fue anudando con sus camaradas de equipo y con figuras de autoridad, como entrenadores y dirigentes, que le dieron ejemplos en muchos sentidos. Y, finalmente, viví las victorias, las derrotas y los diferentes momentos, tristes y alegres, de una historia tanto o más interesante que cualquier buena novela.
Alentar las capacidades de nuestros hijos y respetar sus particularidades es algo que no tiene precio. Es una experiencia que beneficia a todos, porque enseña la tolerancia de las diferencias que no solamente debe existir entre las distintas razas, ideologías y grupos políticos, sino también entre los que son de una misma sangre. Ah, debo terminar diciendo que mi hijo, aunque no con la misma pasión e intensidad con que mete goles, finalmente encontró algunos beneficios en la lectura.
http://espaciodecrianza.educared.pe/2010/03/mi_hijo_me_desilusiono.html
Permítanme una reflexión personal. Me encantan los libros. En realidad, la mayor parte de mi vida me la paso entre sus hojas, y pocas cosas me dan tanto placer como perderme en los mundos imaginarios o en las teorías que otras personas han elaborado. También me gusta escribir. Buena parte de mi tiempo transcurre frente a la computadora, una amiga de casi 30 años, redactando informes, artículos y otros textos, como éste. Soy, en ese sentido, un ser verbal.
Cuando nació mi hijo, comprensiblemente, me hice muchas ilusiones acerca de su futura relación con los libros y la literatura. Le contaba cuentos cuidando de modular bien las palabras, utilizando sinónimos variados -había que pensar en la futura riqueza lingüística- y promoviendo su dramatización. Cuando entró al colegio, busqué despertar su curiosidad por lo impreso y hasta acelerar su aprendizaje de la lectura, hecho que no ocurrió porque siempre estaba moviéndose y no parecía de naturaleza especialmente contemplativa. Terminó por aprender y yo tuve que controlar mi impaciencia que, dicho sea de paso, probablemente él había heredado, razón por la cual se demoró más de lo que yo hubiera deseado.
Entonces, lo esperé con un ejército de libros. Me uní a Jack London, Emilio Salgari, Michael Emde, Alejandro Dumas, Arthur Conan Doyle y muchos otros para emboscarlo en su cuarto, y le tendí trampas con los tres mosqueteros, la guerra de los botones, Tarzán, y mi planta de naranja-lima. Pero no caía. Siempre lograba evadirse y nos dejaba, a mí y a mis cómplices, un paso atrás. Es que siempre fue muy ágil. En realidad, manejaba su cuerpo con gran habilidad y siempre prefirió correr tras unos objetos esféricos llamados pelotas que lograba controlar a su antojo y que le llamaban más la atención que los libros.
Me descorazoné y sentí una decepción intensa durante un tiempo al no encontrar mis gustos y pasiones en los de mi hijo. Algunos padres, en esas circunstancias, pueden caer en un peligroso círculo vicioso y comenzar a contrariar o desmerecer aquellas motivaciones de sus hijos que no calzan en sus expectativas. Aunque comprensible de alguna manera, es algo peligroso, porque los chicos pueden llegar a la conclusión de que la única manera de estar presentes en la mente de sus padres es a través de una permanente batalla en la que se oponen a lo que éstos esperan de ellos. Es la de nunca acabar y, sobre todo, una forma poco sana de relacionarse.
Felizmente pude sobreponerme a lo que era una posición egocéntrica y egoísta. Desde ese momento nunca dejé de asistir a un partido de fútbol del equipo en que mi hijo jugaba. Desde las tribunas lo alenté y aprendí a respetar su notable habilidad, pero sobre todo el sentido de disciplina, compromiso, constancia, camaradería, valentía y deseo de superación que su participación en el deporte iba definiendo en él y sus compañeros. Aprendí a valorar las intensas relaciones -algunas de las cuales, no puedo negarlo, me produjeron más de una vez celos- que fue anudando con sus camaradas de equipo y con figuras de autoridad, como entrenadores y dirigentes, que le dieron ejemplos en muchos sentidos. Y, finalmente, viví las victorias, las derrotas y los diferentes momentos, tristes y alegres, de una historia tanto o más interesante que cualquier buena novela.
Alentar las capacidades de nuestros hijos y respetar sus particularidades es algo que no tiene precio. Es una experiencia que beneficia a todos, porque enseña la tolerancia de las diferencias que no solamente debe existir entre las distintas razas, ideologías y grupos políticos, sino también entre los que son de una misma sangre. Ah, debo terminar diciendo que mi hijo, aunque no con la misma pasión e intensidad con que mete goles, finalmente encontró algunos beneficios en la lectura.
http://espaciodecrianza.educared.pe/2010/03/mi_hijo_me_desilusiono.html
lunes, 23 de noviembre de 2009
30 FERIA DEL LIBRO DE RICARDO PALMA
Se lanzó a la prensa la 30ª Feria del Libro Ricardo Palma. En relación al año pasado: mide el triple (6,500 metros), hay más del doble de actividades (176) y tendrá conciertos musicales (El fiestón de la feria), exposiciones, invitados e invitadas internacionales. Les envío adjunto el plano (la Ciudad de Ribeyro), el afiche, datos de interés, resumen de actividades culturales y la programación diaria. La entrada será de un sol todos los días (menores de 12 y mayores de 60, no pagan). Va del 27 de noviembre al 10 de diciembre, de 12 m. a 10 p.m.
Ya ustedes saben, no estaremos en el acostumbrado Parque Kennedy de Miraflores porque su alcalde no quiere, sino en el Vértice del Museo de la Nación (esquina Javier Prado y Aviación, distrito de San Borja). Una vez más, con la característica peruana de la innovación, ante una adversidad hemos respondido con creatividad; y ante el gesto de abuso e intolerancia de un funcionario, hemos respondido con el escudo de la belleza y la cultura. La consigna de esta feria es "Si la feria no puede ir al parque, entonces el parque irá a la feria". En su interior hay calles, plazuela, boulevard, explanada y alameda con bancas, faroles, árboles, fuente de agua, vendedores ambulantes y activaciones artísticas. La Cámara Peruana del Libro les invita a la más tradicional y renovada feria del Perú.
Un gran abrazo,
Doris Moromisato Miasato
Directora Cultural
lunes, 16 de noviembre de 2009
DESATENDIDA POESÍA, DE RICARDO AYLLÓN
Desatendida poesía
Ricardo Ayllón
Lima, noviembre 2009
Los amigos del autor en la Feria de Libro de Lima
La poesía está maldita. Paseo por librerías, estanterías de editoriales y ferias de libros, y cada día se acentúa en mí la certeza de que en lo que menos interés tiene el lector promedio en el Perú, es en adquirir libros de poesía. Hago una miniencuesta entre amigos lectores preguntándoles la razón, y las respuestas son casi las mismas: “Es que la poesía cada vez se entiende menos”, me dice un profesor de secundaria; “¡A la poesía le falta acción!”, responde un estudiante universitario casi instintivamente; “La poesía es para escribirla, no para leerla”, intenta ser esclarecedor un escritor amigo.
Lo cierto es que los poemarios se aburren más de la cuenta en los anaqueles y, por lo tanto, los editores se han vuelto renuentes a darles la misma oportunidad que a los textos de narrativa. Si usted tiene listo un volumen de poemas y recurre a una editorial peruana para que ésta apueste por sus versos, se enfrentará al terrible muro de las dificultades. La respuesta del editor será más o menos así: “La poesía no vende, amigo; si desea editar esos poemas tendrá que financiar usted mismo el libro”. Y es que es la verdad, a no ser que el editor ponga un poemario a un precio casi de regalo y el contenido temático sea muy pero muy atractivo (poesía de amor, generalmente), ese editor apenas venderá ejemplares para recuperar lo invertido.
Una alternativa ante esto, es que el autor haya ganado recientemente un premio literario; premio que, sin embargo, sea lo suficientemente mediatizado y difundido como para que el editor se arriesgue a impulsar un tiraje mínimo. La otra alternativa es continuar editando ‘vieja poesía’, léase: a los muertos, a los consagrados o a los clásicos.
¿Qué ha ocurrido entonces con la poesía? ¿El lector del siglo XXI es menos sensible que antes?, ¿ha llegado el momento de comenzar a cavar una tumba para la poesía?
Proyectémonos a partir de mi miniencuesta. Me parece que las dos primeras respuestas: “Es que la poesía cada vez se entiende menos” y “¡A la poesía le falta acción!” van casi de la mano. Se trata de una situación que puede proyectarse con las siguientes interrogantes: ¿Quiere decir que, en el ánimo de mostrarse modernos e innovadores, los poetas escriben cada vez más enrevesado y, sin proponérselo, han espantado al lector común? ¿O es al revés, es decir, es el lector quien se interesa cada vez menos en renovar sus inquietudes temáticas y estilísticas y, en este sentido, no otorga un espacio en su biblioteca personal a nuevas propuestas estéticas?
Veamos: las personas que me dieron estas respuestas fueron un docente de Comunicación Integral de secundaria y un estudiante de Lengua y Literatura, respectivamente. El primero, en la institución educativa donde labora, es nada menos que coordinador del Plan Lector; y el segundo, ya cursa el último ciclo, próximo a obtener su título profesional. Si dos profesionales que se constituyen, sin duda, en orientadores de lectura en sus comunidades estudiantiles, tienen este concepto de la poesía, creo que ésta está perdida. Pues en el colegio del profesor de Comunicación Integral quizá ninguno de los libros con los que trabaje en Plan Lector, sea un texto lírico; y, en el caso del estudiante, a la hora de desarrollar ejercicios de gramática entre sus alumnos pasará sobre la poesía, u, obligado por el plan curricular, tocará solo a los clásicos y modernistas establecidos generalmente en los materiales de enseñanza.
Por otra parte, la tercera respuesta: “La poesía es para escribirla, no para leerla”, lanzada por mi amigo escritor, puede arrojar también ciertas luces. Lo que él trata de decir es que en nuestro país casi todo el mundo (la mayoría en secreto) se lanza a poetizar pues resulta un ejercicio de espontaneidad; es cuestión de que la persona se sienta conmocionada por alguna situación (amorosa, existencial, social, etc.) para que, de manera casi intuitiva, intente esbozar unos versos; a partir de ello, más de uno sentirá que es un ‘poeta de verdad’ y, con los años, se adjudicará (al menos íntimamente) el rótulo de poeta. Pero la hechura narrativa resulta menos espontánea, pues si bien el ejercicio de ésta puede comenzar también como un impulso, conforme el escritor avance descubrirá que su logro es producto de un oficio a largo plazo, con mucho de paciencia y tiempo libre, y, en este sentido, la mayoría abandonará el barco.
Ahora bien, desde el punto de vista del lector, está aquel ingrediente de nuestra mera constitución narrativa. Me refiero a que el ser humano es una especie que en todo momento está detrás de una buena narración: la televisión, las noticias, los amigos, las reuniones familiares, los chismes, los chistes de sobremesa, son siempre encuentros con la narrativa (oral, por supuesto); y de allí, a pasar a la narración escrita, hay un solo paso. ¿Que la poesía es también una narración de sentimientos? Pues sí, pero según la versión de los actuales lectores, cada vez más difícil de entender y con ausencia de ‘acción’, palabra clave que puede interpretarse como ‘hecho’, ‘suceso’, ‘acontecimiento, es decir, directamente relacionada con la narrativa y no con la poesía.
La conclusión de todo esto es que la poesía es cada vez más desatendida por los lectores, y si este descuido comienza a establecerse en las preferencias de docentes y orientadores de lectura, la pobre necesitará una suerte de relanzamiento. ¿En quién recaerá la responsabilidad?: ¿en el ejercicio de los propios creadores?, ¿en las preferencias de los nuevos lectores?, ¿en el sistema educativo que no ha profundizado en la diversificación lectora? La respuesta, imagino, la debemos hallar, en conjunto, en una mesa concertadora, “desayunados todos al borde de una mañana eterna”.
FUENTE:
miércoles, 11 de noviembre de 2009
FOTOS DE VISITA LA PRESBÍTERO MAESTRO Y CASA DE LA LITERATURA PERUANA
Los alumnos de la institución educativa "República del Perú", hicieron una vista literaria el sábado 31 de octubre. Participaron en esta excursión diecisite alumnos y alumnas dispuestos a conocer un poco más allá de las aulas y los libros. Para esto, se alistaron para conocer el lugar donde están estos escritores. Claro después de muerto. Fue una aventura y una decepción de ver como algunos autores tan consagrados y reconocidos por su prosa, estén abandonados como es el caso Abraham Valdelomar, que no tiene una placa que lleve su nombre.
Luego, el recorrido por el Presbítero Maestro, fue un poco reconocer a los gobernates y héroes. Pero también maravillarnos de las majestuosidad de los mauseleos y su arte.
El segundo lugar donde visitamos fue, a la Casa de la Literatura Peruana, donde se realizó un recorrido por la literatura peruana, desde sus inicio hasta la actualidad , a cargo de guías literarios que explicaba el proceso y su importancia para comprender mejor, nuestra letra peruana.
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